domingo, 26 de octubre de 2008

El sueño...


Y del dulce sueño de estos días, sueño hecho realidad, me queda lo que quedan de estos: el sabor imperceptible de algo que ha ocurrido; que fue pero que ya no es...que parece que nunca ha existido y que reina en mis recuerdos.

Pero es que además de sabor es olor, y tacto, y oído, y visión, una visión radiante como una luz milagrosa; la de una puesta de sol.

En mi sueño había velas; velitas por todas partes que iluminaban todas las estancias. Había un tenue y embriagador olor a incienso por todas las habitaciones. Y sonaba música muy bajito; las melodías que más me erizan los vellos, las que me emocionan por sus acordes agridulces. También había espuma, casi marina, blanca y limpia que me embadurnaba la piel. Y sonrisas, y caricias, y palabras bonitas y besos...y besos...y besos...

Y ese fue el sueño. El sueño que hizo que el despertar fuera el más dulce de todos los vividos.

Qué pena, era un sueño. Qué pena no haber estado despierta para saborearlo cada instante. Qué pena no seguir dormida para siempre.

Foto: by Pit.

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