
No una cualquiera...es la calle que conduce al paraíso. Que aunque no lo parezca lleva a los mejores momentos de mi vida. Donde siempre se dan los más bonitos momentos; donde se oyen las palabras más dulces y los susurros huelen a incienso y saben a fresas con nata.
Yo me voy por esa calle...bueno, en realidad vengo de ella prácticamente. Y me he tenido que incorporar a la autopista de la rutina pero además a 100 por hora para ponerme al día. Y aquí estoy dando el callo para que me de tiempo a todo o a la mayoría de las cosas.
Pero es que la salida hacia mi calle está como a unos 400 metros...no queda tanto...el tiempo que yo quiera que quede.

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