
Carmen representaba a la España de la imaginación romántica. La chica de la fábrica que era triste y vulnerable atraía tanto a bandidos como a toreros y flamencos. Reunía todos los ingredientes picantes posibles en sí misma. Esta mujer de leyenda, hermosa, de cuerpo escultural, de ojos negros, cuya mirada volvía locos a todos los hombres de larga cabellera, cintura de avispa, pechos prominentes y firmes y piernas interminables, no pasaría desapercibida al viajero francés Prósper Mérimée, quién se sintió muy atraído por los personajes del mundo gitano. La belleza de Carmen, extraña y exótica resulta más oriental que occidental: “…sus ojos achinados pero maravillosamente sombreados tenían una expresión acentuada por el coqueteo de las blondas de su mantilla negra…Los labios de Carmen, un poco gruesos, dejaban ver unos dientes más blancos que almendras peladas. Su pelo, quizá un poco fosco, era negro con destellos azules como el ala de un cuervo…”.
Pero sin duda lo que más llamaría la atención del viajero francés fue la seguridad e independencia que transmitía esa mujer, una criatura promiscua indomable, condición que enloquecía aún más a los hombres.
PD: no es que me las de de Carmen; es que llevo todo el día haciendo un trabajo sobre los viajeros románticos y me he enamorado...más aún. Pero es que además la feria está a la vuelta de la esquina...

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