Simplemente mirando la foto ya se entiende todo lo que quiero transmitir.
No hacen falta palabras. Después de 10 duros días de trabajo, madrugones, y una noche de nervios y concentración la recompensa fue ésta.
Una experiencia que jamás podremos olvidar y que desearía volver a repetir. Si alguna vez tenéis el privilegio de vivirla, disfrutad cada segundo allí, porque te sientes simplemente afortunado.
PD: Aquel día mi corazón estaba dividido...= ) me volví a enamorar pero esta vez de un pollo como el que veis en la foto. Y es que el primero que cogí entre mis brazos fue el mejor de todos, no se quejó ni rechistó durante todo el tiempo que estuve con él pasando por cada uno de los puestos. Al final se me quedó medio adormilado y cuando se lo di a mi compañera de "suelta" me acerqué con ella a ver cómo se iba nadando porque no quería separarme de él. Creo que cada uno de los 400 voluntarios que estábamos aquel día tuvo esa sensación y es que parecía que cuando por fin eran liberados después del anillamiento se llevaban con ellos un pedacito de ti.

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